Las redes sociales llevan ya años irrumpiendo con fuerza en
nuestro día a día. Desde viajes, celebraciones, eventos, comidas hasta las
actividades más cotidianas de nuestro día a día. Todo es susceptible de ser
compartido.
Así pues, ¿por qué no utilizar estos inabarcables canales de
comunicación para dar a conocer nuestro trabajo? Como investigadores, sabemos
bien que la publicidad de nuestros avances es imprescindible para su reconocimiento
y puesta en práctica. Las redes sociales son un buen aliado para ello.
A estos efectos, podemos servirnos de las habituales Twitter
e Instagram, que nos permiten compartir los resultados de nuestro trabajo con
un amplio público, no estando dirigidas única y exclusivamente a colegas
investigadores, lo que facilita hacer extensivas nuestras publicaciones a un
gran abanico de destinatarios.
No obstante, bien es cierto que cobran especial relevancia
las redes sociales circunscritas al mundo investigador, como es el caso de
ResearchGate, una red profesional para científicos e investigadores. A través
de la misma podemos no sólo compartir nuestros avances, sino participar de los
de otros. Con aplicativos tan interesantes como “questions” o incluso con la
posibilidad de acceder a artículos completos de autores de nuestro ámbito de
estudio, este canal de comunicación facilita el intercambio de conocimientos.
Personalmente, lo encuentro especialmente útil para
contactar con investigadores cercanos a nuestro objeto de estudio, para así
interoperar y poder acceder a sus publicaciones, ya sea descargándolas o bajo
petición. Ello facilita la búsqueda de resultados sin necesidad de perder horas
buceando por la ingente cantidad de información que proporciona hoy en día internet.
Igual utilidad presenta Google Scholar, aplicativo de Google
que ofrece una forma rápida y fácil de localizar bibliografía y artículos académicos,
con la seguridad de que los autores son especialistas en su ámbito de
conocimiento. Sin duda, ello simplifica sobremanera la ardua labor de
documentación que todo investigador ha de llevar a cabo.
Sendas aplicaciones son realmente útiles en un ámbito de
investigación como lo es el Derecho eminentemente teórico, habida cuenta no es
un campo en el que se haya de analizar datos extraídos a partir de un método de
investigación inductivo, sino más bien deductivo, basado en el uso de fuentes
de carácter legislativo, jurisprudencial y bibliográfico.
Por otro lado, puede plantearse la problemática de la
cantidad de tiempo necesario en mantenernos informados acerca de las novedades
publicadas en tantas redes sociales. Sin embargo, existen plataformas diseñadas
para facilitar esta tarea. Tal es el caso de HootSuite, que permite unificar y
coordinar nuestra actividad en Facebook, Twitter, LinkedIn y demás. Siendo,
como ya se ha comentado, la comunicación de avances tarea imprescindible de
todo investigador, a través de HootSuite podemos gestionar el uso de las redes
para decidir en cuáles de ellas queremos compartir cada aspecto de nuestro
trabajo, así como planificar y programar los tiempos en que efectuaremos tales
comunicaciones.
Además, encuentro tremendamente útil poder ver, en una misma
pantalla y de una vez, las publicaciones de las personas a quienes seguimos. Ello
es así porque el campo del derecho requiere de una constante actualización y
puesta al día, no siendo raro enterarnos de cambios legislativos y jurisprudenciales
a través de las redes sociales.
Junto con ello, también es destacable el uso de Symbaloo, una
plataforma para organizar las páginas web de mayor consulta a través de botones
de opción. Con ello, podremos diseñar nuestro propio escritorio virtual,
teniendo un rápido acceso a las redes y servicios que consultemos con mayor
asiduidad.
En definitiva, considero que las aplicaciones reseñadas son
herramientas útiles para la labor de divulgación que, día a día, ha de hacer
todo investigador. Las redes sociales han entrado con fuerza para quedarse en
todas las profesiones, y la científica no puede ser menos. Un investigador del
s. XXI ha de ser a la fuerza un investigador 2.0. Todos tenemos que tratar de
configurar nuestra identidad digital, pues a fin de cuentas, es nuestra carta
de presentación y da buena muestra de lo implicados que estamos en la difusión
del ámbito científico.










